EL RETO DE LAS 100 NOVELAS PARA SIEMPRE

Por Francisco Javier SANCHO MÁS.

¿En qué consiste?

Leerse y comentar 100 novelas en dos años y un mes. Este reto surgió la década pasada, mientras vivía y trabajaba en Managua. Tuve la fortuna de que el suplemento cultural del Nuevo Diario me abriese la puerta y su director, el poeta Luis Rocha, lo acogiese. Durante 25 meses, cada sábado, publicaríamos una invitación o provocación a la lectura de una de las 100 novelas para siempre que se hubieran escrito en el siglo XX. Disponía de libertad de criterio para seleccionar las que debía leer, o releer en algunos casos. Fue un tiempo de felicidad casi absoluta. Muchas personas siguieron el reto, leyendo y releyendo con nosotros aquellas obras de las que hablaba en el suplemento. Finalmente, las 100 reseñas se publicaron en la editorial LEA. Ahora vuelvo a lanzar el reto, periódicamente, en este blog, esperando provocar el interés por dichas obras en alguna lectora o lector, y animarles a secundarlo y aportar sus variantes.

¿Por qué del siglo XX y por qué para siempre?

No ha habido otra centuria igual para la novela. Experimentó una revolución sólo comparada a la aparición del Quijote en el siglo XVII, o las novelas picarescas, o a la del Tristram Shandy en el XVIII. Y al mismo tiempo, como en toda época de cambio, muchos preconizaron su final. Otros prefirieron verlo como el comienzo de un nuevo caminar adaptado a la senda y el ritmo por el que evolucionaba la sociedad industrializada, en vertientes desconocidas y con una rapidez inusitada. La aparición frenética de innovaciones, durante finales del XIX y del primer cuarto del siglo XX, es un preludio espejo de nuestro primer cuarto del siglo XXI. El arribo de una nueva ciencia, la psicología, vino a hacer más compleja la forma de observar y percibir la experiencia vital del ser humano, y también a tratar de expresarla y entenderla de un modo más acorde con dicha complejidad.

La enorme vitalidad e impulso que se produjo en el período de entreguerras a nivel cultural y educativo desembocó en una experimentación constante en la forma de escribir, así como en el desarrollo de las diversas disciplinas artísticas. La irrupción de los diferentes ismos anticipaba un siglo de creatividad colosal. Esto no significa que en ese tiempo se escribieran grandes novelas, sino que se estaban sentado las bases de nuevas formas de expresión o traslación artísticas. Lamentablemente, la sucesión de diferentes conflictos (desde

la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial) y sus brutales y masivas consecuencias, mermaron, creo, las condiciones para el desarrollo de la cultura y del género novelesco. Sin embargo, en las décadas siguientes, la novela ha tenido ciclos de mucha altura dejando también obras para siempre (un “para siempre” que sólo es una mera ilusión).

¿Bajo qué criterio?

Estas obras son tan imprescindibles como lo pueden ser otras. No nos basamos sólo en la propia opinión o gusto, sino que nos dejamos guiar, en algunos casos, por el consenso de la crítica, o por las circunstancias en las que se publicaron en aquel tiempo y lugar. Pero principalmente elegimos aquellas que tenían algo en común: la capacidad de imprimirnos una sensación: la de que, “al final”, no estamos solos en medio del laberinto de nuestra existencia. Todas esas palabras que se vestían con el hábito del relato novelesco nos podían prestar un hilo de Ariadna para andar de noche por el laberinto.

Empezamos por lo más difícil. Luego, ya todo será más llano.

La literatura está para decir cosas que no se pueden decir ni explicar de otra manera. Desde la antigüedad, el relato oral y escrito ha sido nuestra herramienta más sofisticada. En el siglo XX, la novela se ha convertido en el espacio de libertad más absoluta para conocernos mejor, y de ese modo quizá amarnos, o salvarnos la vida, al decir de Sócrates. Empezamos con una novela muy difícil. Es más, les animo a saltársela, cambiarla por otra, o leer sólo algunos de sus fragmentos para darse una idea de la propuesta técnica y estética que supuso. El Ulises de Joyce no retribuye con placer inmediato, a no ser que seamos un poco masocas. Pero los caminos que abre a la posibilidad de la traducción de nuestro múltiple, poliédrico y disparatado, a veces, discurso interior (o flujo de la conciencia) merecen que sea el pórtico de este reto. Ni antes ni después se ha escrito algo igual a esta obra de Joyce.

La recompensa del reto: la bondad.

Llegados a este punto, sólo puedo decirles que la experiencia de conocer, en general y con amplitud, las mejores obras del siglo XX, deja una sensación de bondad en el ánimo. Y una certeza absoluta: la de no poder juzgar al ser humano, expuesto a una fragilidad completa en medio del laberinto.

Si se animan, anúdense el hilo fuertemente al dedo corazón, y caminen con nosotros a lo largo de esta serie por obras que no se olvidarán. Todas ellas forman una vida contada, que pasa por dos guerras mundiales y otras aledañas, por la desolación y por la felicidad inesperada, y por una gran y extraordinaria historia de amor. Como se dijo al principio, esto es sólo una invitación a que nos acompañen. A que nos acompañes. Y tráete en la mochila los libros que quieras.

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